Resulta complicado ver algo de optimismo detrás de la pandemia del coronavirus. Lo cierto es que, con las cifras que se manejan actualmente en nuestro país (rondando los 25.000 contagiados y superando ya la barrera de los 1.300 muertos) cuesta vislumbrar la luz al final del túnel. Sin embargo, sí existen algunas buenas noticias que pueden contarse del coronavirus:
Por tercer día consecutivo, el Ministerio de Salud de China ha confirmado que no se ha registrado ningún caso de contagio porcoronavirusen la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei y epicentro de la pandemia, y tampoco ningún caso de contagio a nivel local. Sin embargo, sí se han registrado 41 casos de coronavirus exportados desde el extranjero.
Hasta la pasada medianoche local, China contabilizó 7 nuevas muertes, todas ellas en la provincia de Hubei. El número de casos graves se redujo en 173, mientras que 590 pacientes fueron dados de alta de los hospitales, según la Comisión Nacional de Salud.
2. Cada vez sabemos más del virus
La ingente cantidad de información que se conoce del virus que ha provocado la actual pandemia resulta de lo más esperanzadora, ya que permite a los científicos actuar con mayor acierto. Tal y como y recuerda Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología de la Universidad de Navarra, en un artículo publicado en “The Conversation” “los primeros casos de neumonía severa se notificaron en China el 31 de diciembre de 2019 y para el día 7 de enero ya se había identificado el virus. El genoma estuvo disponible el día 10. Ya sabemos que se trata de un nuevo coronavirus del grupo 2B, de la misma familia que el SARS. Está emparentado con coronavirus de murciélagos. Los análisis genéticos confirman que tiene un origen natural reciente (entre finales de noviembre y principios de diciembre) y que, aunque los virus viven mutando, su frecuencia de mutación no es muy alta”.
3. La mayoría se cura
Aunque la información que más resuena es la del elevado número de muertos, lo cierto es que las estadísticas procedentes de China confirman que el 80% de los afectados por Covid-19 cursa con síntomas leves, como un resfriado, y no precisan un tratamiento específico más allá de analgésicos comunes. “La mayoría de la gente infectada se cura. De hecho, hay 13 veces más pacientes curados que fallecidos, y la proporción va en aumento”, recuerda Ignacio López-Goñi.
Buen ejemplo de ello es Mattia, el conocido como «paciente 1» en Italia, un joven de 38 años, deportista y con buena salud previa, que en unos días volverá a casa después de haber pasado un mes ingresado en la UCI y debatiéndose entre la vida y la muerte. Su caso se ha convertido en un símbolo para toda Italia y el ejemplo de que del coronavirus se puede salir.
4. No afecta a los niños
Los datos estadísticos confirman que que el Covid-19 parece no afectar a los niños. De hecho, lo hace en mucha menor proporción que en los adultos. Así lo recuerda el catedrático Ignacio López-Goñi, que asegura que “solo el 3 % de los casos ocurre en menores de 20 años, y la mortalidad en menores de 40 años es solo del 0,2 %. Tal es así que incluso en los niños los síntomas resultan tan leves que puede pasar desapercibido”.
Sin embargo, un reciente estudio publicado en la revista científica Pediatrics pone sobre la mesa el hecho de que, dentro de ese 3%, los menores de 5 años tienen más probabilidades de padecer síntomas graves, según el primer estudio de características epidemiológicas y dinámica de transmisión de Covid-19. Eso sí, lo que parece confirmado es que los síntomas que presentan los niños suelen ser similares a los de los adultos e incluso menos severos: fiebre, fatiga, tos y congestión. Aunque éstos también suelen presentar náuseas y diarrea.
5. La vacuna está más cerca
La investigación no cesa en todo el planeta. Miles de científicos trabajan a destajo para lograr dar con la llave que abra la solución a una posible vacuna frente al coronavirus. Las buenas noticias se suceden en este sentido y una de las más optimistas ha llegado esta semana desde China. En concreto, las autoridades del gigante asiático anunciaron el pasado martes que han desarrollado “con éxito” una vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2 por lo que han aprobado la realización de ensayos en humanos, según informó el Ministerio de Defensa.
Esta posible solución se suma, además, a la carrera que ya ha iniciado Estados Unidos, que comenzó la primera fase de los ensayos clínicos de su propia vacuna experimental hace semanas. Se trata de un proyecto financiado por el Instituto Nacional de Salud y desarrollado por la biotecnológica Moderna. Esta iniciativa, a diferencia de la alternativa china, emplea una tecnología conocida como ARN mensajero (ARNm), la cual copia el código genético del virus en lugar de transmitir una versión atenuada del propio virus.
En España también hay varios hospitales que van a comenzar dos ensayos clínicos con pacientes para demostrar la efectividad del remdesivir, un fármaco desarrollado por la farmacéutica estadounidense Gilead para tratar el ébola que aún está en fase experimental. En concreto, los hospitales de La Paz, en Madrid, el Clínico, en Barcelona, y Cruces, en Vizcaya, han comenzado ya a reclutar pacientes y se espera que se sumen otros cinco en los próximos días: el 12 de Octubre y el Ramón y Cajal, en Madrid; el Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares (Madrid); el Carlos Haya en Málaga y el Vall d’Hebron en Barcelona.
Las cifras del coronavirus en Alemania esconden un enigma: el país tiene 19.000 casos confirmados y solo 68 muertos. Eso deja una tasa de letalidad del 0,36%, muy inferior a la de Francia (2%), España (4%) e Italia (8%). Sabemos que en esta diferencia influye la capacidad de Alemania de hacer miles de test. Pero debe haber algo más. La tasa de letalidad alemana también es excepcionalmente baja si se compara con Corea del Sur (1%), cuya capacidad de diagnóstico también se considera alta. ¿Cómo se explica entonces el caso alemán? El viernes, el portavoz del Ministerio de Sanidad español, Fernando Simón, dijo que no lo saben. Y tampoco las autoridades alemanas tienen una explicación definitiva. Pero existen al menos tres hipótesis.
1. Es posible que el virus brotase en Alemania más tarde. El primer brote local de contagios dentro de Europa se detectó en Italia y estaba muy avanzado cuando emergió: por eso los muertos llegaron rápido allí. Solo pasó una semana desde el infectado número 20 al muerto número 20. Eso sugiere que el brote llevaba semanas activo, porque la enfermedad tarda dos o tres semanas en provocar la muerte.
La alarma en Italia hizo que los países europeos redoblaran sus esfuerzos de detección. En España se multiplicaron los casos detectados de un brote que en realidad ya estaba aquí.
También se detectaron los primeros casos en Alemania, pero su brote estaba seguramente en una fase incipiente. “Alemania reconoció su brote muy temprano. Vamos dos o tres semanas antes que algunos países vecinos”, explicaba el virólogo Christian Drosten a Zeit. “Lo hicimos porque realizamos muchos diagnósticos, testamos mucho. Ciertamente se nos pasaron casos en esa primera fase. Pero no creo que nos hayamos perdido un brote importante”.
Eso podría explicar que su tasa de mortalidad sea inferior. Por dos motivos. Primero, porque si Alemania ha detectado los casos desde el principio, habrá detectado más infectados jóvenes, que son los primeros en contagiarse (viajan más y tienen más contacto con extranjeros). Los jóvenes resisten mejor al virus. Las muertes son más comunes cuando el virus avanza y se contagian personas de más edad.
El otro motivo es que las muertes tardan un tiempo en producirse. En muchos países hemos visto subir las tasas de mortalidad con el tiempo. Es lo que pasó en Corea del Sur, donde los test están siendo exhaustivos y la mortalidad se ha doblado: pasó del 0,5% al 1,1% entre el 1 y el 20 de marzo. Si el brote en Alemania es más reciente que el de España o Italia, sus cifras de letalidad podrían aumentar.
2. Los enfermos alemanes son más jóvenes. En Alemania se publica a diario la edad de una muestra de los infectados, por eso sabemos que la media son 47 años y que solo el 20% tiene más de 60 años. Son cifras similares a las de Corea (I), pero muy diferentes de las de Italia, donde la edad media de los infectados —que se detectan— son 66 años y donde el 58% tiene más de 60 años (I). Los enfermos de Covid-19 más ancianos son casos con mayor riesgo. La pirámide de población de cada país también podría influir. Italia es el país europeo con más mayores de 65 años (26%), mientras que en Corea son solo un 14%. Pero eso no ayuda a explicar el caso alemán, donde el 25% de los habitantes tiene 65 años o más.